Una vez al año. Un día exclusivo para uno, que se puede traducir en una semana de celebraciones o incluso no tener ninguna. Todo depende del gusto del cumpleañero.
Los cumpleaños van pasando por etapas. Está el primero ese que había que apagar la vela con la clásica cuchara de palo y era todo un acontecimiento para la familia celebrar el primer año de vida.
En mi caso la torta del mil hojas con manjar y crema pastelera preparada por mi abuela era el clásico de los cumpleaños infantiles. ¡Era lo más esperado! La corona de princesa color rosado y con brillito era también un infaltable.
Recuerdo el clásico mantel de plástico, la guirnalda de "Feliz cumpleaños", los globos de colores, la comida en abundancia sobre todo en las celebraciones en mi casa, lo que nunca ha cambiado con los años, y por lo que se han hecho famosas las clásicas onces cumpleañeras en que literalmente se sale rodando una vez finalizado el cumple.
Aparecen ahí también por esa ventana del recuerdo, los cumpleaños en el colegio, con todos los compañeros, la bebida Fanta en los cumples de Katilandia, las camas saltarinas, las autos chocadores. Los cumples en casa en donde pasábamos toda la tarde jugando con el deseo de que los papas no nos dijeran es hora de irnos. Las sorpresas y las piñatas...y la lucha por conseguir la mayor cantidad de dulces.
Con el tiempo llegan las primeras fiestas, los primeros lentos, las fiestas de 15, vestirse de gala, buscar una pareja, las fiestas de disfraces. Y también aparecen nuevos amigos que se van sumando, ya no sólo son los del colegio.
Entrando a la universidad el círculo se amplía, los amigos aumentan, los vínculos con los más de antaño en vez de disolverse se estrechan y estas instancias son las adecuadas para los reencuentros para volver a vernos y sentir nuestro ser infantil.
Amigos de la vida, que por distintas circunstancias van entrando a mi camino y se quedan, acompañando.... y seguimos, aparecen los del primer trabajo, en donde el vínculo permanece a pesar de ya no estar en el mismo lugar.
Y los cumpleaños aumentan, pero no con pesar. Lo más importante para mí de celebrarlos es que son como diapositivas de mi vida. Pasan frente a mis ojos todos esos momentos con las personas que me han entregado grandes tesoros a mi existencia, vistiéndola de colores, alegría, felicidad, conforte.
Sentir que el cariño está intacto de aquellas personas que conocí hace 20 años, sintiendo esa hermandad máxima, los que conocí hace 15, hace 10, hace, 6, hace 4, hace, 2, hace meses... y sentirse tan querida por todos ustedes es algo que me rebosa de alegría.
El natalicio es el día donde uno es protagonista, pero sin ustedes, grandiosas personas, entregándome sus buenos deseos y energías nada sería lo mismo ni tendría sentido celebrar mi cumpleaños.

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