Acabo de ver "La vida de los peces", la nueva película de Matías Bize.

Cuando se está fracturada aventurarse en cintas tan íntimas y personales como las que crea Bize puede ser un gran riesgo. Ver la realidad de ese mundo encapsulado, que muy bien puede ser la nuestra reflejada en un espejo, te puede llegar como una gran bofetada en el rostro.
Están ahí al frente tuyo hablándonos desde su mundo más interior y a la vez hacen que nosotros abramos el nuestro... y de un momento a otro, nos sentimos tan desnudos como los protagonistas... y su dolor traspasa la pantalla y se confunde con el nuestro.
Beatriz y Andrés. Escenas sin diálogos que transmitían tanto que erizaba todo el cuerpo... Un reencuentro que ambos esperaban, del cual tenían mucho miedo enfrentar, pero ahí estaban uno frente al otro, diciéndose tanto pero nada a la vez. ¿Hace cuanto que...? Son tantos los años...
¿¿Está bien preguntarse de cómo hubieran sido las cosas, la vida, si hubiéramos elegido otro camino, otras elecciones, otra vida....?? Más bien suena a una tortura lenta y sin fin, lo hecho, hecho está. Pero la pregunta resuena en la cabeza: ¿Habremos hecho lo correcto?
Pero qué pasa si es que con lo que elegimos no somos lo suficientemente felices y en el fondo de nuestra alma sabemos que nos equivocamos... que hicimos todo al revés? ....pero debemos seguir caminando, porque no hay vuelta atrás... pero... ¿Cómo revertir la situación? ¿La vida nos está entregando permanentemente segundas, terceras oportunidades? ¿Se puede empezar de nuevo?
Andrés y Beatriz. Años sin saber el uno del otro... una relación cortada desde la ambigüedad, una vida construida a partir del abandono del uno y el otro, de darse la espalda sin una justificada razón. El tiempo, el café que nunca llegó, el no saber, el porqué... Y los años que se vienen encima y que la vida se encarga de recordartelo cada vez que puede. Ahí aparecen los vínculos más estrechos, la nana y las onces con pan con palta, los amigos, las amigas, los hijos de tus amigos, la adultez y la niñez que se entrecruzan en un tiempo sostenido por las manos.
Aparece la esperanza pero también la desesperanza de no poder atiborrar ese vacío que es llenado a la fuerza, como engañándolo para sentir que estamos rebosados, pero en realidad es todo lo contrario. Lo que podía hacerlo quedó en el pasado y no sabemos si lo podemos recuperar.
Beatriz y Andrés. En un recorrido personal desde la interpretación de Santiago Cabrera, vemos como se encuentran y desencuentran a lo largo de toda la cinta. Un cumpleaños en donde siempre pasaban "las cosas importantes", están ahí ellos transformados en "lo importante". Están ahí en una pecera, intentado mirar por la ventana sus vidas... y decidiendo si pueden tomar la que está afuera sin morir en el intento, como un pez cuando sale de su pecera...
El crecer, el tomar decisiones que nos van dibujando nuestras vidas... y sin poder borrar nada, todo queda ¿podemos rehacer? ¿podemos intentarlo de nuevo? Esa es la pregunta que creo que Andrés (Santiago Cabrera) se hacía todo el tiempo y en cierto modo Beatriz (Blanca Lewin) también. Pero hay ciertas cosas que no se pueden cambiar... o quizás es tan sólo querer hacerlo.
La película me estremeció, me hicieron sentir los personajes, me traspasaron su angustia, su dolor, su frustración... me hicieron reflexionar sobre mi propia vida la que he atrasado en dibujar, pero ahí está, aunque sea en un borrador... está de todos modos y las mismas preguntas de Beatriz y Andrés resuenan en mi cabeza.
¿Cómo hubiera sido si...? Creo que aún hay tiempo para revertir.

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