Sentados frente a una piscina vacía en el frío de la noche. Una piscina tan honda que el vertigo al asomarse a la orilla era tremendo; y tan grande como para reunir a centenares de personas dentro. Al fondo, un bosque que se confundía con la oscuridad.
Juegos de infancia, adolescencia, juventud y adultez. Son tanto los recuerdos que se esconden tras ese enorme hogar.
Recordábamos sentados frente a esta inmensidad.
Tantas alegrías, cariño, felicidad, buenos momentos.
Recordar en el silencio de la noche... como un testigo omnipresente de los años vividos.

Tenía 4 años, eso recuerdo. Un tío me decía que era amigo de Gustavo Cerati y cada vez que lo veía, me decía que Gustavo me mandaba enormes saludos. Muchas veces no le creía, sin embargo, en el fondo de mi corazón tenía una leve esperanza de que fuera verdad, y cuando me lo creía, me sentía la persona más afortunada del mundo porque Cerati me correspondía un saludo.
Toda la última parte de la década de los noventa crecí viendo MTV. Era el canal musical que existía y con el cual podíamos nutrirnos de toda la música anglo.
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